Pongamos
metas realistas. ¿Cómo vamos a organizar ahora las comidas? ¿Qué días haremos
actividades al aire libre? Nuestras buenas intenciones pueden venirse abajo
ante una organización demasiado exigente. No es aconsejable, alterar nuestras
rutinas de la noche a la mañana. Es preferible poner en marcha dos o tres
pequeños cambios, y esperar a que estén integrados para pasar a los siguientes.
Hagámoslo
todos juntos. Un niño aprende lo que ve, no lo que escucha. Pasear será
divertido si vamos todos. De la misma forma, si compartimos la comida,
aprenderá qué alimentos le sientan bien; y si comemos de forma sana, nuestro
hijo sabrá que no le estamos castigando, ya que todos lo hacemos.
Potenciemos
la parte positiva. Frases como "No comas galletas", "no
picotees" o "te vas a poner muy gordo" producen frustración y
ansiedad en los niños. En cambio, otras como "¡vámonos de paseo!",
"estas manzanas están deliciosas", o "te veo muy guapo hoy"
reforzarán los hábitos que queremos crear.
REFERENCIA
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