Pongamos
metas realistas. ¿Cómo vamos a organizar ahora las comidas? ¿Qué días haremos
actividades al aire libre? Nuestras buenas intenciones pueden venirse abajo
ante una organización demasiado exigente. No es aconsejable, alterar nuestras
rutinas de la noche a la mañana. Es preferible poner en marcha dos o tres
pequeños cambios, y esperar a que estén integrados para pasar a los siguientes.
Hagámoslo
todos juntos. Un niño aprende lo que ve, no lo que escucha. Pasear será
divertido si vamos todos. De la misma forma, si compartimos la comida,
aprenderá qué alimentos le sientan bien; y si comemos de forma sana, nuestro
hijo sabrá que no le estamos castigando, ya que todos lo hacemos.
Potenciemos
la parte positiva. Frases como "No comas galletas", "no
picotees" o "te vas a poner muy gordo" producen frustración y
ansiedad en los niños. En cambio, otras como "¡vámonos de paseo!",
"estas manzanas están deliciosas", o "te veo muy guapo hoy"
reforzarán los hábitos que queremos crear.
Los
hábitos son esas acciones que, a base de repetirlas, se convierten en nuestra
forma de hacer las cosas. Establecer rutinas saludables en la infancia es una
inversión en salud para toda la vida, ya que esas rutinas se convertirán en
hábitos que se interiorizan de manera más eficaz.
Comer
bien, hacer deporte, beber agua o ver menos televisión son algunas costumbres
que los niños deben aprender desde pequeños para llevar una vida sana. No hay
que esperar a que nuestro hijo tenga problemas de salud o sobrepeso para
establecer unos buenos hábitos de vida.
La prevención es, sin
duda, la mejor apuesta de futuro. El juego y el deporte son, junto a una
alimentación equilibrada, los pilares de una vida saludable.
1. UNA ALIMENTACIÓN
VARIADA Y EQUILIBRADA
Una
alimentación variada garantiza que el niño obtenga los nutrientes que necesita.
Por eso, aunque él tiene sus platos favoritos, es importante animarle (sin
obligarle) a probar cosas nuevas. El gusto de los pequeños es cambiante y poco
a poco aceptarán la verdura o el pescado
que al principio no querían ni ver.
El
equilibrio se refleja en la proporción diaria de hidratos de carbono, proteínas
y grasas. La alimentación de hoy día tiende a desequilibrarse: o tomamos mucha
proteína o nos pasamos con los hidratos de carbono. La pirámide alimentaria
ofrece unas cantidades y proporciones adecuadas. Hemos de tener en cuenta, las
siguientes pautas:
Más
fruta y verdura. Consumir cinco raciones diarias de fruta y verdura.
Menos
proteínas. Reducir el consumo de carne a dos o tres veces por semana y tomar
pescado en la misma proporción. Basta con comer cualquiera de estos una vez al
día. Pero si tomamos de uno, no conviene hacerlo del otro.
Más
cereales. Deben consumirlos diariamente en forma de arroz, pasta o pan.
Menos
comida rápida. Limitar al máximo la comida rápida y la bollería industrial
(contienen mucha grasa y calorías).
También
es importante hacer un buen desayuno para asegurarnos de que nuestro organismo
obtiene los hidratos de carbono que necesita por la mañana.
Buenos
hábitos alimenticios
Establecer
horarios fijos para cada comida. Hay que acostumbrar al cuerpo a unos horarios
y limitar el picoteo entre horas.
Planear
las comidas con antelación. Así suelen ser más equilibradas y completas.
Podemos establecer un momento de la semana en el que diseñar el menú, y otro
para comprar lo que necesitamos.
Compartir
al menos una comida familiar. Es una oportunidad de convertirnos en un modelo
de hábitos para nuestro hijo.
Disfrutar
de la cena todos juntos. En el caso de que haya faltado fruta, verdura o
proteínas en la comida, todavía estamos a tiempo de compensar estas carencias.
Hacer
las comidas más originales y apetecibles. La monotonía en la mesa produce insatisfacción
e induce al picoteo.
2. BEBER AGUA
El
70% de nuestro cuerpo es agua, imprescindible para eliminar toxinas e hidratar
todos los órganos. Apostar por el agua como bebida familiar es una opción de
salud. Los zumos de frutas naturales son una buena alternativa, pero no
conviene abusar de ellos, ya que contienen demasiados azúcares. Podemos
ofrecérselos a los niños rebajados con un poco con agua.
3. BUENAS COSTUMBRES EN EL
COMER
Es
la garantía de que toma lo que necesita y aprende a comer guiado por el hambre
y no porque "toca" o por ansiedad. Para favorecer la conexión con sus
sensaciones corporales, es importante:
No
obligarle a terminar el plato. Si dice que está lleno, hay que respetarlo. Si
no, puede que le siente mal la comida.
Ofrecerle
un espacio tranquilo en el que comer le permite entrar en contacto con la
sensación de saciedad. Una vez que ésta se produce en el estómago, tarda unos
20 minutos en llegar al cerebro. Por eso no es bueno que le instemos a comer
muy deprisa, ya que, inconscientemente, le estaremos invitando a consumir más
de lo que realmente necesita. Las comidas deben tener un ritmo pausado, pero no
ser eternas.
4. MENOS TELEVISIÓN
El
tiempo que emplean viendo la televisión se lo estamos quitando a otras
actividades necesarias y mucho más saludables.
Los
niños pasan frente a la pantalla entre tres y cinco horas diarias, cuando lo
recomendable es de una a dos horas.
Conviene
pactar con ellos un tiempo máximo y buscar otro tipo de actividades para
disfrutar del tiempo libre.
5. MÁS ACTIVIDAD FÍSICA
El juego y el deporte son aliados
imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo. Una hora de
actividad física moderada al día mejora sensiblemente el índice de masa
corporal (relación entre peso y estatura) de los niños, incrementa su
rendimiento escolar e incluso su estado de ánimo. Pero no olvides:
Nunca
debe convertirse en una obligación. Es más importante que les divierta a que
adquieran habilidades. Si les gusta, será más fácil que lo hagan.
Diariamente,
conviene guardar un espacio de tiempo exclusivo para la actividad física.
Más
activos en lo cotidiano. Si nosotros lo hacemos, es más fácil que ellos se
apunten. Podemos buscar cualquier excusa para salir a la calle (pasear juntos
al perro, sacar la basura, bajarse del autobús una parada antes). Un simple
paseo mejora el estado cardiovascular tanto en los niños como en los adultos.
Organizar
planes familiares al aire libre. Son una buena forma de dejar a un lado el ocio
sedentario.
Disfrutar
con ellos. Para que integren la actividad física como una satisfacción,
conviene generar un recuerdo gratificante de ella.
Los estilos de vida saludables son considerados como un conjunto de
hábitos, comportamientos y conductas que llevan a los individuos a alcanzar un
nivel de bienestar y satisfacción plena de sus necesidades en la vida. Las
primeras etapas de vida del ser humano son consideradas decisivas para la
adquisición y consolidación de estilos de vida saludables. La niñez, que tiene
lugar en la etapa escolar, resulta la más adecuada para el establecimiento de
hábitos saludables que puedan mantenerse a largo plazo.
Hoy
existe suficiente evidencia del incremento en la prevalencia e incidencia de
enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) tanto en población adulta como en
población infantil, las cuales se encuentran asociadas con estilos de vida no
saludables como una alimentación inadecuada y poca actividad física. El aumento
de la obesidad infantil, asociada con diversas alteraciones metabólicas, como
las dislipidemias, la diabetes e hipertensión, son los principales ejemplos.
La
Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe mundial 2011 deja claro
que estas enfermedades constituyen casi el 80 % de la carga total de morbilidad
en los países de bajos y medianos ingresos. Asimismo, este informe muestra que
del total de muertes producidas en todo el mundo en 2008, 36 millones se
debieron a ENT, y 3,2 millones de muertes relacionadas con el sedentarismo.
Por
otro lado, diversos estudios evidencian que la baja condición física aeróbica
en la infancia está asociada con mayor riesgo de padecer enfermedad
cardiovascular y me-tabólica en la etapa de la adultez. Por estas razones y
muchas más, el nivel de actividad física debe ser un indicador fundamental de
los sistemas de vigilancia epidemiológica en el ámbito escolar, espacio en el
que esta población interactúa la mayor parte de su tiempo.